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  • 22 mar 2019

¿Cómo afectan las separaciones a los hijos?

07 octubre 2015

Las noticias de televisión, prensa y radio nos informan que después de las vacaciones los despachos de abogados se llenan de expedientes de divorcios...

Las noticias de televisión, prensa y radio nos informan que después de las vacaciones los despachos de abogados se llenan de expedientes de divorcios. Ya hemos comentado en otro artículo, algunos de los motivos del por qué ocurre esto. 

En el artículo de hoy, quisiera hablar de cómo afecta estas separaciones a los hijos.

La ruptura de los lazos afectivos es siempre doloroso y se vive con cierta angustia, incertidumbre y miedo por parte de la pareja que ha compartido parte de su vida y que a hora ve roto el proyecto común. Pese a ello, las principales víctimas de todo proceso de ruptura son los hijos. Normalmente, se dice que en especial los más pequeños, pero no es del todo cierto, porque no depende tanto de la edad de los niños sino del apego con los progenitores y de la personalidad de cada hijo.

Actualmente, la familia se ha convertido en una de las instituciones sociales que más ha cambiado tanto desde el punto de vista legislativo como en el social. De hecho, el núcleo de la familia ya no tiene que ser necesariamente heterosexual. Por ello, la situación de hijos de padres separados también cada vez es más común, aunque no por ello, quiere decir que los hijos no tengan problemas psicológicos al vivir esta situación de ruptura.

Uno de los errores más comunes que los padres cometen, es creer que han ser amigos de sus hijos. El papel de amigos, en el sentido literal deben desempeñarlo sus iguales o compañeros. Si creemos que, ante todo, somos sus amigos, significa privarles de algo más valioso, que es ser sus padres.

Otro error habitual, es creer que nunca debemos imponer las cosas. Con cierta frecuencia, un exceso de buena voluntad acaba en fracaso y los jóvenes acaban rompiendo un sistema que perciben confuso, laxo o en el que intentan hacer prevalecer sus derechos y exigencias por encima de las de sus padres. Todo ello se hace más evidente en las situaciones de separación o divorcio de los padres y es aquí donde deberemos poner especial atención.

En la base de muchas separaciones nos encontramos con padres que se creen con el derecho y el deber de priorizar el trabajo, la formación, la superación profesional anteponiéndolos al hecho de tener pareja y, sobre todo, a tener hijos y cuidarlos. Cuidarlos, no significa sólo proveerles de las materias primarias vitales sino proporcionarles una seguridad emocional y afectiva para que crezcan sanospsicológicamente y se conviertan en personas seguras, con una buena autoestima y capaces de crecer en su entorno educativo y social eficazmente.

Como padres, debemos ser capaces de encontrar un equilibrio entre nuestro trabajo y la dedicación y tiempo de calidad que dedicamos a nuestros hijos desde la infancia.

Hay demasiadas variables que pueden determinar la forma con que cada niño expresa su malestar ante la ruptura de sus padres. Algunos padres pueden pensar que es lo mejor para sus hijos dado que el ambiente en casa era muy malo. Otros piensan que el mal ambiente de la casa no afecta a sus hijos. Sea como fuere, la realidad es que siempre hay consecuencias, sea en el presente o en el futuro.

Uno de los factores más determinantes es la edad en la que se produce la separación. Algunos estudios avalan la hipótesis de que cuanto más pequeños son los niños, más importantes son las consecuencias (a partir de los 2 años aproximadamente). Sin embargo, como he mencionado antes en los casos que yo he conocido, no depende tanto de la edad sino del apego y madurez del niño.

Lo que si se repite, son las conductas en función de las edades, por ejemplo, en los más pequeños son habituales conductas regresivas como volverse a hacer pipí en la cama, chuparse el dedo, miedos, ansiedad, etc.

En la franja de edad de 7 a 12 años, es en la que los niños ya disponen de mayores recursos verbales, lo que en cierto modo les ayuda a exteriorizar sus sentimientos. Pueden seguir presentes los síntomas anteriormente descritos en uno u otro grado. No obstante, hay que añadir, según las características del niño las siguientes:

Comportamientos y conductas de recriminación a los padres con la esperanza de intentar unirlos de nuevo si siguen sin aceptar la realidad.
Conductas manipulativa, de menosprecio o rencor a alguna de las figuras paternas paralelamente a la idealización de la otra. Esto puede agravarse según las actitudes que tomen los adultos que rodean al niño.

La adolescencia es quizás, una de las épocas más complicadas para los jóvenes y en la que se suelen amplificar los diferentes problemas que se arrastran o producen.

Durante esta etapa, los jóvenes que afrontan la separación de los padres pueden incrementar sus conductas de riesgo en referencia al alcohol, sustancias, drogas, etc.

En las niñas especialmente, parece que puede producirse mayores casos de precocidad o promiscuidad en las relaciones sexuales, necesidades de vincularse afectivamente a una pareja pero con poca capacidad para mantener una relación estable y equilibrada.

En resumen, es fundamental que los padres sepan desvincular sus problemas como adultos de las necesidades de sus hijos ante una separación. Es decir, independientemente de nuestras diferencias personales, hemos de ser capaces de consensuar  un proyecto educativo común. Los niños deben percibir complicidad y compromiso incondicional de sus progenitores hacia ellos aunque ya no vivan juntos.

Una de las peores situaciones que se puede producir es que uno de los padres intente manipular al hijo en contra del otro. O que uno de ellos le colme de regalos para ganar su afecto.

Evidente, deberemos evitar cualquier tipo de discusión delante de ellos, y potenciar la comunicación con ellos para enfatizar especialmente aquello que nos une más que lo que nos separa.

Debemos ser conscientes, que la separación produce al igual que otras pérdidas en la vida un proceso de duelo. El periodo de duración dependerá de cómo se ha afrontado por parte de los diferentes agentes y de la edad del niño. Por ello, hay que dar su tiempo a cada persona y no descartar en ningún momento que “quizás” necesitemos ayuda de un profesional para superar este periodo de duelo de forma correcta.

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El blog de Inmaculada Cruza

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Inmaculada Cruza Izquierdo
Inmaculada Cruza Izquierdo. (29/11/1979)

Licenciada en Psicología Clínica, por la universidad San Pablo CEU. (2003).
Máster en gestión y Dirección de Recursos Humanos y Organizaciones por la Universidad Pontificia de Comillas(2004).
Técnico Superior en Implantación de Planes de Igualdad en la Empresa.

Experiencia Profesional:
Más de 10 años en distintos departamento de Recursos Humanos en empresas nacionales. Especializada en formación en el área de la mujer y motivación de personal.

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